A lo largo de las duras pero ilusionantes jornadas de trabajo político que supusieron las primarias del PSM, descubrí la capacidad de entusiasmo e inteligencia de una mujer con acento canario, dotada de una gran experiencia en organizar las tareas de un colectivo y con arrastre a la hora de pronunciar un discurso sin tópicos en cualquier mitin.
Su cara me resultaba conocida, pero cuando coincidimos en el primer acto público, por su desenvoltura en el escenario, me reafirmé en la idea de que debía ser actriz o trabajar en televisión. ¡Pero si es Carla Antonelli! Más allá de su larga lucha por los derechos de los transexuales y su valentía a la hora de reclamar el cumplimiento de promesas incluso a los suyos, lo que por deformación profesional me atrajo más de su personalidad fue la convicción y la claridad con la que era capaz de expresar los motivos por los que había optado por apoyar la candidatura de Tomás Gómez: Su razón con Tomás, su corazón con Trini. Porque lo que ella quería era la mejor opción para el triunfo de la izquierda.
La noticia de que será la primera transexual que ocupe un escaño parlamentario en España ha suscitado más comentarios en la red que la presentación de la nueva izquierda abertzale. Todavía hay una España casposa, claro, pero una gran mayoría, sin legañas, descubrirá pronto la fuerza reivindicativa de una diputada socialista, temible en la confrontación dialéctica. Intransigente en la defensa de los derechos.