A todos los economistas que nos amargan desayuno, comida y cena día tras día, habría que meterlos en una patera y hundirlos en el Pacífico”. Esta frase, escuchada a un destacado político madrileno, en petit comité, debería ser aireada alto y claro. Los sabios de la Economía no han dado ni una. Algunos políticos se han aprendido parcialmente sus doctrinas y cada vez que hablan azuzan el pánico financiero fomentando la voracidad especulativa.
Primero nos dijeron que no había crisis mundial sino que era sólo española. Pero ahora ya nadie puede negar que las turbulencias son tales que mantienen a la economía mundial en el aire, fuera de radar y en medio de una tormenta de la que nadie sabe predecir el fin. Su lenguaje fatalista no permite ni una vía de optimismo que impulse el consumo. Más bien al contrario. Y mientras tanto, más de cien mil autónomos y pymes se han ido al garete, sólo en la Comunidad. Se siguen perdiendo puestos de trabajo, consecuencia de la falta de productividad y por tanto de competitividad. Y lo peor de todo, una parte importante de la clase política, esencialmente quienes no tienen mandato de gobierno, lesionan con sus irresponsables declaraciones la confianza de los mercados exteriores en España. ¿Acaso son tan ilusos de creer que ellos tienen una varita mágica para resolver la crisis económica mundial al día siguiente de ganar unas elecciones, en el supuesto caso de que las ganaran? Y si la tuvieran, ¿por qué no la sacan ahora que es cuando realmente estamos en peligro? Hasta hace menos de un mes, era Irlanda el modelo del liberalismo económico en el que basaban sus recetas Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy. Hoy ¿tienen alguna sugerencia al respecto?
Son las verdades del barquero, no por simples dejan de ser lógicas. Lamentablemente, de la degradación del lenguaje político se infiere que algunos líderes consideran bastante escaso el coeficiente intelectual del electorado español. No todo vale en política. Aunque a tenor de las múltiples corrupciones que asolan la geografía española, con aparente escaso desgaste electoral, pareciera que sí. Conviene creer en la mayoría de edad de los ciudadanos por lo que urge un cambio de lenguaje. Compromiso y soluciones. Es indignante que España sea el único país europeo donde se incita a la desconfianza desde dentro, actitud que nos hace cada vez más vulnerables y nos deja a merced de los especuladores. La sorna con la que critica la oposición las reformas laborales y de pensiones que se ha visto obligado a emprender el Ejecutivo español, no hace sino fomentar subidas de las primas de riesgo y encarecer la deuda española. Esta sorna es una vergüenza y es una irresponsabilidad. Y así hay que decirlo. Precisamente ahora que la Unión Europea, al fin, se ha concienciado de la urgencia de coordinar una política económica y fiscal común para fortalecer el euro y el propio Banco Central Europeo parece estar trabajando en políticas de protección para el resto de bancos nacionales. Todo ello es imprescindible para constuir un muro de contención contra los ataques a las economías de España, Italia, Portugal y hasta de la propia Bélgica. Ataques que en los anteriores meses han obligado al BCE a acudir al rescate de Grecia e Irlanda. ¿Cómo es posible que aquí no seamos capaces de arrimar el hombro entre nosotros -Gobierno, oposición, patronal y sindicatos- para defender a España? Los rumores y las declaraciones interesadas deben ser sustituidas por la pedagogía responsable.