Círculos cercanos a PSM han restado dramatismo al asunto al asegurar que con Jaime Lissavetzky cualquier desacuerdo es siempre el comienzo de un buen acuerdo. De entre los dieciocho primeros puestos en la lista a la alcaldía de Madrid, el candidato pudo elegir, en un principio seis, y actualmente se ha llegado a un pacto por el que puede elegir ocho. Asunto concluído. Final feliz. “Tenemos la mejor lista para la alcaldía de la capital de España” han dicho unos y otros. Ya no hay caso. Al menos no será el Secretario de Estado, ex secretario general del PSM hace una década y actual candidato a disputar la alcaldía al todopoderoso Alberto Ruiz-Gallardón, la excusa que abra viejas heridas de quienes no van a ser elegidos por el líder del PSM para acompañar su candidatura. Hay tres referentes que jamás debe olvidar un político. Primero, que está al servicio del ciudadano. Segundo, que forma parte de unas siglas que le amparan y dan posición y sentido a su trabajo. Y tercero, que es el líder, en este caso elegido democráticamente, quien confecciona las listas, eligiendo a los mejores según su criterio y sometiéndolo, a su vez, al voto de la federación regional. Es bueno y saludable que en el seno de los partidos políticos haya debate. Pero tampoco hay que dar la sensación a la ciudadanía de que el debate se sustituye por una lucha cainita para mantener el puesto. Ello contribuiría, más si cabe, al desprestigio que ha alcanzado la clase política en los últimos años. Porque como ya se ha dicho, en democracia el que pierde se somete al veredicto de las urnas. Tras las elecciones autonómicas y municipales de mayo 2011, los cabezas de lista tendrán que gobernar, o hacer oposición, con los equipos que ahora resulten elegidos. Y en cualquier caso es la federación regional del PSM quien tendrá que administrar los designios de los socialistas madrileños durante cuatro años. En tres años, el actual líder socialista ha realizado una enorme tarea de aglutinar familias socialistas. Aquellos que le dieron la espalda, y fueron incluso beligerantes, ante su firmeza, deberían hoy tener la humildad de respetar su elección. Los alcaldes tienen derechos legítimos y han sido todos ratificados. Eso es una buena noticica.