A la Reina le regaló ‘De Sodoma a Chueca’ en la última Feria del Libro. A Ana Botella le recomienda ‘Hasta en las mejores familias’ y a Mariano Rajoy ‘Sin complejos’, “una guía para que entienda sin mucho esfuerzo lo que significa ser homesexual y los problemas que acarrea”, dice. “Cuando en 2005 se aprobó el matrimonio homosexual yo les decía a mis clientes ‘no os preocupéis, ya no hay vuelta atrás’; ahora estoy dudando, y por si acaso he desempolvado las pancartas”, dice Mili Hernández.
Plantó la bandera gay en Chueca cuando abrió Berkana, en 1993. Venía de Londres y de Nueva York decidida a montar la primera librería gay de España. “Al principio no tenía ni libros ni clientes”, recuerda. Los clientes llegaron. Los libros, además de llegar, empezó a editarlos ella misma con Egales. Y ahí sigue. “La gente me pregunta el por qué de una librería y una editorial gay: primero, porque me da la gana, y segundo, porque nadie quiere tener estos libros”, dice Hernández, que fue portavoz de COGAM (Colectivo de Gays y Lesbianas de Madrid) y presidenta de la FELGTB (Federación Estatal Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales).
La obra que está a punto de presentar es un ejemplo de ello. El 19 de febrero sale a la venta ‘Por el culo, políticas anales’. “Ya estoy pensando en cómo venderlo porque va a ser muy difícil”, dice. El ensayo repasa los miedos y desenmascara el poder a través -sí- del culo. Lo hace partiendo, en su prólogo, de unos miedos muy concretos: los de Luis Aragonés, quien advierte al que piensa en regalarle flores de que “no le cabe un pelo de gamba por el culo”.
Quedan, pues, muchos miedos. Por eso, Mili Hernández tiene reproches. “Con el Orgullo hemos perdido la oportunidad de ser más reivindicativos”, dice sobre la celebración madrileña. “No estoy en contra, pero se ha convertido en un macrobotellón al aire libre consentido por el Ayuntamiento y organizado por los empresarios de la noche”, se queja. Porque ella no descarta que haya que volver a pelearse. “Si hoy convocamos una manifestación, quiero saber cuánta gente va a venir, y no me refiero a cuántos camiones con música de los Pet Shop Boys”. Sacará sus pancartas (que guarda en el trastero) si hace falta. Eso sí, esta vez con más cabreo.