A pesar del gris dominante, tanto en las nubes de este rebrote del invierno como en las expectativas de la sociedad, la tecnología sigue luminosa e imparable. Por un lado, asistimos al derrumbe de lo que parecía eterno.
Las grandes compañías de Hollywood se preparan para los funerales del DVD, emparedado entre las descargas de Internet y la piratería. Algunas promesas del futuro, como el Blu-Ray se van a quedar en eso: promesas. Otras realidades se encuentran en dificultades. A Google, convocado a los tribunales, se le abre otro frente en Corea. Y es que las ambiciones de conquistar el mundo terminan por darse de bruces con las resistencias de los hipotéticos conquistados. De las ansias de esta compañía por hacerse con los contenidos mundiales hablaremos otro día. Sin embargo, dispositivos como los lectores digitales (a los que cursis siguen llamando e-readers) se han convertido en estrellas de venta. Seguimos esperando auténticas librerías virtuales, españolas (www.libranda.com). Porque ahí, en la ventaja competitiva de que haya 500 millones de personas hablando nuestro idioma, radica una de nuestras grandes oportunidades para salir de la crisis. Más allá de fotos y titulares, nuestros gobernantes deben convertir la potencia editorial e informativa de nuestro país en negocios reales, enfocados al futuro y que den riqueza y empleos a España. Mientras, la amenaza de una nueva burbuja tecnológica con la sobrevaloración financiera de entes como Facebook (50.000 millones de dólares dicen que vale), nos devuelven a los colores fríos y las inclemencias, a pesar de que la película que narra el nacimiento del paradigma de la red social, haya triunfado en los Oscar.