Basta con leer en la prensa oficial del Partido Popular –la llamada Brunete mediática- a los corifeos de Mariano Rajoy y su tropa para saber qué líderes socialistas provocan el pánico electoral entre las filas populares. A raíz del nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba como vicepresidente primero del Gobierno, los ataques al hasta entonces ‘hombre bueno’ del Ejecutivo que preside José Luis Rodríguez Zapatero han sido cada vez más frecuentes y virulentos. No pasa un solo día sin que los titulares de los periódicos de la derecha intenten descalificar y desprestigiar a Rubalcaba ante la posibilidad de que sea el ministro de Interior el rival de Rajoy en 2012. Todo vale para acabar con el enemigo, que no rival político.
La estrategia manipuladora es tan grosera que las declaraciones, sensatas y propias de un juego político natural, realizadas por la ministra de Defensa, Carme Chacón, abogando por elecciones primarias para elegir al sucesor de Zapatero si éste decidía no ser el candidato en 2012, desencadenaron otra oleada de descalificaciones e insultos, esta vez adornados con lo más granado del acerbo machista. Bastó que estos analistas, por llamarlos de alguna manera, olieran el peligro que significa para Rajoy una rival tan cualificada como Chacón, para sacar a pasear las hidras de siete cabezas y alejar así a los españoles de la funesta manía de pensar… que el país ya estaba maduro para que una mujer tuviera la posibilidad no sólo de ser candidata, sino de alcanzar la presidencia del Gobierno.
Si, como todo parece apuntar, Zapatero hace pública su decisión de no presentarse a una segunda reelección tras el 22-M –sólo un buen resultado podría hacerle cambiar de opinión- Carme Chacón y Alfredo Pérez Rubalcaba son los más cualificados aspirantes para liderar el modelo de sociedad que propugna la socialdemocracia. Otros nombres, como el del actual presidente del Congreso, José Bono, no menos perseguido por la Brunete mediática, está prácticamente descartado. Tras su paso por la presidencia del Congreso su carrera política ya está amortizada. Otros dos posibles candidatos, el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, y el de Castilla-La Mancha, José María Barreda, carecen de prestigio nacional para asumir esa responsabilidad con alguna garantía de éxito. Si contemplamos el barómetro de la prensa de derechas su futuro como líderes nacionales es más bien oscuro. Ni una línea les dedican, más allá de recoger declaraciones puntuales para erosionar la imagen de Zapatero, de Rubalcaba o de Chacón.
BASTIONES QUE CAEN
Es evidente que las elecciones del 22-M tienen una clave más allá de los resultados puntuales, aunque a los barones autonómicos les interese más bien poco la vertiente nacional. Sin embargo, además de un modelo de Estado el voto del 22-M marcará el resultado de las generales de 2012, puede que de forma paradójica. La euforia de quien logre mayor poder autonómico o municipal puede tornar en depresión en marzo de 2012, si no hay adelanto electoral a las navidades de este año.
Más allá de la valía de los líderes regionales y municipales del PSOE, las encuestas vaticinan una fuerte caída socialista en autonomías clave como Andalucía o Castilla-La Mancha, lo que dejaría el mapa autonómico coloreado de azul España. Esta situación tal vez sea la clave para la victoria socialista en el 2012. Por un lado, el Partido Popular no tendría más remedio que gobernar y, por lo tanto, de ir mostrando poco a poco su verdadera cara de derecha pura y dura y por otro, el voto de castigo a Zapatero del electorado socialista decepcionado se depositaría en las urnas autonómicas –el voto municipal, salvo en las grandes capitales, es más directo y personal- y el PSOE puede recuperarlo de nuevo en las generales de 2012 tras la catarsis colectiva del espectro social de izquierdas. Sobre todo si presenta un tándem electoral de la categoría de Chacón y Rubalcaba o viceversa, que tanto monta el vicepresidente como la ministra. Con el permiso del presidente Zapatero, of course.