» el ojo crítico
Por
Concha Minguela
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conchaminguelaapiedecallecom/14/14/26
Última actualización 24/03/2011@01:12:15 GMT+1
En su afán de ridicularizar al actual Gobierno socialista, muchos políticos de la oposición y su coro mediático han lanzado una campaña que sobrepasa la estupidez humana y nos recuerda al típico garrulismo español de la época franquista.
Les molesta no poder fumar en los bares aunque no les importe en absoluto invadir el espacio ajeno y olvidan que hasta hace dos días, aquí en España, muchos médicos atendían a sus pacientes con el pitillo en la boca. Les pone frenéticos perder el carné por conducir ebrios hasta las trancas. Faltaría más, como si alguien les tuviera que decir a ellos las copas que pueden o no tomar. Les molesta circular a 110 por hora, es decir, diez kilómetros por debajo del actual límite, a sabiendas de la preocupante crisis energética y la necesidad de ahorro. Porque, faltaría más, con lo caro que les ha costado el bólido, para eso vuelven al seiscientos que tuvieron hace treinta años. Actúan como nuevos ricos y un tanto paletos. Es aconsejable que se den una vuelta por el mundo y comprueben que los norteamericanos conducen desde hace varias décadas sus potentes automóviles a setenta millas hora, que es menos de 120 kilómetros por hora. O también deberían viajar un poquito por Europa y disfrutar de las estupendas terrazas exteriores donde se fuma plácidamente sin perjudicar la salud ajena. ¿Acaso abolir la esclavitud, prohibir el abuso a menores, poseer armas o hacer sus necesidades en la calle, es considerado como un menoscabo de las libertades individuales? Por supuesto que hay que prohibir ciertas costumbres obsoletas o abusivas para ganar en libertal social y respeto. Ellos, precisamente los que siempre han dicho no a las libertades, no al aborto, no al divorcio, no a la igualdad racial, no a los derechos igualitarios, no a la libertad religiosa, no a las aulas mixtas para favorecer una educación basada en igualdad, son los que ahora, en una cínica contradicción, pretenden apropiarse y darle la vuelta a una hermosa frase acuñada en mayo de 68, ‘prohibido prohibir’ que precisamente pretendía todo lo contrario, enterrar las normas que fomentaban las desigualdades de clases, los abusos y las injusticias sociales. En fin, los partidarios del ‘no a todo’ no tienen complejos, desde luego, ni sentido del ridículo, ni parecen haberse ido muy lejos del pueblo.