Se hace saber
Última actualización 31/03/2011@01:15:14 GMT+1
Atodos aquellos que piensan que hay guerras justas en las que siempre ganan los buenos, que eso sólo ocurre en las películas… que hacen los vencedores.
Aquí, en España, sin ir más lejos, estuvimos más de cuarenta años soportando cómo los malos habíamos perdido la guerra por eso, porque éramos malos y Dios y la Razón estaba con ellos, con los buenos y no con los violadores de monjas, asesinos de curas y pirómanos de conventos. Después resultó que no, que los buenos no eran tan bondadosos ni los malos tan perversos. Incluso las monjitas y los curas que se salvaron de la quema se dedicaron después a vender niños al mejor postor para salvarlos, eso sí, de sus depravadas madres. Agua pasada, dicen… los buenos.
Mas les hacía falta saber que no hay guerras justas. Puede haberlas necesarias o inevitables, pero no justas, porque en ellas la gente muere las más de las veces sin saber por qué. Simplemente mueren. Y los que matan tampoco saben por qué lo hacen. Sólo sueltan la bomba. Después hay daños colaterales que nadie quiere pagar. Obediencia debida, arguyen. Teníamos permiso de la ONU, excusan. Hay que acabar con los dictadores que masacran a sus pueblos, claman, aunque esos dictadores hayan recibido la llave de Oro de la ciudad, pongamos que hablo de Madrid, y el genocida, en justa correspondencia, le haya regalado un caballo a José María Aznar, el señor de la guerra de Irak. Así son las guerras siempre, brutales, y en ellas, “mientras muere de hambre el hijo del que lucha en las trincheras, el pequeño comerciante y su mujer, la tendera, exclaman, ¡que no se acabe la guerra!”.