PSM-PSOE
Última actualización 06/04/2011@23:55:15 GMT+1
De nuevo, la paradoja. Nunca unos actos de inauguración de obras han gozado de tanta repercusión como los celebrados estos días, al filo de la prohibición legal por razones electorales.
Gracias al efecto multiplicador de los medios, que sobrealimentan un tópico, cualquier ciudadano de Logroño sabe hoy, y comenta, que se ha inaugurado en Castellón un aeropuerto sin aviones y en Madrid un hospital todavía en obras. Pero también conoce que hay, de verdad, nuevos museos y centros culturales en Málaga, San Sebastián y Avilés. Las obras públicas, pagadas con los impuestos de todos, no son regalos del mecenas de turno. El mérito, en todo caso, es acertar con las prioridades en la utilización de los recursos públicos para atender a las más urgentes demandas sociales. Así, hay que preguntarse si a los madrileños les hace más falta disponer de un macro- ayuntamiento en Cibeles o de una más extensa y rica dotación de bibliotecas municipales. Si preferimos escaparates o infraestructuras. Felipe González -¿recuerdan?- se negaba sistemáticamente, para desesperación de quienes debían cuidar su imagen, a presidir inauguraciones y colocar placas con su nombre. ”No hacemos otra cosa que cumplir con nuestro deber”, argumentaba. Siempre he tenido dudas sobre esa actitud, impecable en el fondo. Porque, en tiempos de descrédito para los políticos, no es malo que la gente vea que la democracia también hace cosas. Con libertad para criticarlas.