Telemadrid, a la que financiamos con los impuestos de todos los madrileños, tiene la obligación y el deber moral y democrático de ser, cuando menos, profesional y cuando más, de no insultar la inteligencia del sindicato profesional y de sus propias audiencias.
La burda manipulación de sobreimpresionar un sello de ETA sobre las imágenes del presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero y de su vicepresidente, Alfredo Pérez Rubalcaba, en el contexto de una información sobre las supuestas negociaciones del Gobierno con la banda terrorista, es más digno de televisiones al estilo de Chávez en Venezuela y de Castro en Cuba. En cualquier caso, la añagaza del portavoz del Partido Popular en Madrid, David Pérez, al intentar justificar lo injustificable bajo el eslogan de que las protestas de los sindicatos de periodistas de la televisión pública, de la oposición socialista y de la inmensa mayoría del gremio periodístico, lo único que pretenden es “matar al mensajero” inducirían a la carcajada si no fuera por lo bochornoso del montaje. A medida que se acercan los comicios electorales del 22 de mayo, el Partido Popular incrementa su batería de ataques, sobrepasando, como en este caso, las líneas de la decencia. No basta con manipular hasta la naúsea los informativos, ni basta con seleccionar y jalear a colaboradores que frecuentan el menosprecio y la falta de rigor, incluso la ofensa continuada. No basta con represaliar a los periodistas que se niegan a seguir las consignas desde la Puerta del Sol, sede del gobierno de Esperanza Aguirre. No. Ahora que el candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, ha dejado de ser el “paleto alcalde de Parla”, como lo llamaban despectivamente hace unos meses, para convertirse en un líder carismático y preclaro en sus mensajes socialistas, se están poniendo muy nerviosos. Pasar de la arrogancia del que se cree seguro ganador, a la duda de que pueden perder las elecciones, si Gómez sigue sumando apoyos, está llevando a los populares a cometer errores de grueso calibre que, dicho sea de paso, en la época de la Telemadrid del también popular, Alberto Ruiz Gallardón, nunca se produjeron. El partido de Aguirre empieza a tener dudas sobre su victoria y las encuestas que maneja Callao así lo confirman.