Atascos monumentales, dispositivos especiales de
Iberia y RENFE y millones de
búsquedas en Internet recogen esa importancia. La movilización social es también organizativa: El
Barcelona cuenta con 1700 peñas en toda
España y su rival con unas decenas más. Una estructura que para sí quisieran
partidos o sindicatos.
Millones de visitas, en
YouTube, para ver los
goles de los cuatro encuentros que van a disputar, los dos equipos, en menos de veinte días. Decenas de millones de
mensajes y twitts, para contarse y expresar hasta el último pensamiento de los
aficionados, jugadores, periodistas y demás nube alrededor.
Estamos hablando de un
acontecimiento planetario -éste sí- que capta audiencias de miles de millones de personas, en todo el mundo, con
retransmisiones en directo, via
Internet, en
centenares de páginas y muchos millones, muchos en
material de promoción y recuerdos. No en vano, los dos
clubes españoles están entre
los más ricos del continente y solo en venta de sus
camisetas oficiales ingresan centenares de millones de euros. Según los datos de un estudio, el
Real Madrid y el Barcelona son los equipos que
más camisetas de fútbol venden, de todo el mundo (más de 150 millones de euros) y
la Liga española es también la que más ingresa de todas las ligas europeas, seguida por la
Premier League inglesa y la Bundesliga alemana en tercer lugar.
Todo esto, me recuerda una anécdota de
Alekhin, un
gran maestro de ajedrez de los años 20. Encerrado en su casa, sin salir, sus amigos le encuentran sumido en depresión. Al preguntarle,
Alekhin les explica que ha dedicado su vida al
ajedrez. Extrañados, le recuerdan los grandes triunfos conseguidos, los torneos, campeonatos y giras que han hecho de él un
mito vivo. A lo que el maestro replica, sumido en el abatimiento: “Pero es,
solo, un juego”.