La definición -virus- y la fórmula empleada -el cartel de una película- me parecen tremendamente acertadas, si bien creo que ambas deberían aplicarse, por extensión, al conjunto de la campaña socialista en Madrid.
En primer lugar, porque la fórmula casa muy bien con el esquema tradicional del PSOE, en relación a lo que supone una campaña y un programa electoral, es decir una película, y si puede ser de ciencia-ficción, mejor que mejor. Ya lo dijo Tierno Galván, al que los socialistas consideran un modelo de gestión municipal: "las promesas electorales están para no cumplirlas", y los ciudadanos pueden estar seguros de que esto último, o sea lo de no cumplir, siempre lo cumplen escrupulosamente.
Y en segundo lugar me parece apropiada la definición, porque en realidad todas sus campañas suelen consistir en la utilización de virus. Es decir, no aportando tratamientos específicos para los males que aquejan a los ciudadanos, provocados por su nefasta gestión, como el paro y la crisis, sino por el contrario inoculando en la sociedad elementos dañinos adicionales, como la mentira y la manipulación.
El empeño de Tomás Gómez, siguiendo la triste estela de su antecesor en la derrota Rafael Simancas, en sustentar su campaña en burdas, ramplonas y contradictorias mentiras en relación a la sanidad pública o las supuestas privatizaciones, es una muestra evidente de lo expuesto. Pero me temo que la cosa no da para más en el socialismo madrileño y tendremos que seguir asistiendo a sucesivos virus, incluido el más mortal de todos los que han creado: el paro. Afortunadamente, en este momento los ciudadanos ya saben que tienen en el Partido Popular la mejor vacuna.