Atodos aquellos que han regresado estos días de la Luna –de la de Valencia o de cualquier otra- que Kate y Will, duques de Cambridge, futuros jefes de la Iglesia Anglicana y de la dinastía Windsor, y aspirantes a sentar sus reales en el trono de Inglaterra, ya son marido y mujer.
Es decir, forman un matrimonio que, según una presentadora de la televisión, será un ejemplo para la Humanidad. Para toda la Humanidad, remachó. Frío, frío, que si hay una institución que nunca ha sido ejemplo de nada, esa es la Monarquía. Y no me refiero sólo a esos reyes tiranos. A esos también, pero sobre todo a esta cuya boda, dicen, ha servido para apuntalar los privilegios que consolidó Enrique VIII a golpe de hacha y cabezas cortadas y de paso los del resto de las familias reales europeas. Visto lo visto y pese al papanatismo audiovisual, el desfile de modelos, femeninos y masculinos, no hace sino alimentar la sospecha de que la Monarquía es una institución cimentada en un nepotismo incompatible con un sistema democrático. Dicho esto, me despido. Salud y República.