A partir de ahí caben dos opciones: una nueva ayuda europea y del FMI, o afrontar una reestructuración. La primera, pese a finlandeses, o al Reino Unido, puede abrirse camino y conseguir 50.000 millones de euros adicionales.
De no ocurrir así, Grecia, tendría que reestructurar su deuda a un alto coste, nuevas medidas de austeridad, más depresión y nuevas revueltas sociales.
Un nuevo crédito europeo podría permitir ganar tiempo, pero puede terminar desembocando en la segunda opción con consecuencias sobre el sector público.
Los heraldos negros, las agencias de calificación, que no quisieron ver la crisis que se venía encima, pero que intentan ser imprescindibles en su salida, han vuelto a rebajar la calificación de Grecia. En breve tiempo, la deuda griega dependerá tan sólo de los fondos de rescate. El ataque sobre Grecia sería el preludio de un nuevo ataque sobre Irlanda, Portugal, e incluso España.
La Confederación Europea de Sindicatos celebra su próximo Congreso en Atenas. Sin duda es un espaldarazo, un apoyo, un gesto del sindicalismo europeo. Un llamamiento de los trabajadores europeos a los gobiernos de Europa para sumar esfuerzos, afrontar la crisis y trabajar para superarla.