La sintonía general, especialmente en el cinturón rojo donde más pérdidas ha cosechado el PSM, es de euforia para los ganadores conservadores, y decepción para los socialistas. Muchos han sido los ciudadanos que, coincidiendo con las consignas del movimiento de los indignados, 15-M, han votado a partidos minoritarios, con lo que el partido UPyD de Rosa Díez es ahora la novia de todos los pactos posibles. El nudo más enredado está en Getafe, donde los socialistas de Pedro Castro llevan ocho días negociando para lograr una coalición con Izquierda Unida y UPyD. La exigencia de devolver competencias como Sanidad y Educación al Gobierno Central no deja de ser demagógica, como tantas otras propuestas de este partido que ha sido, finalmente, el gran beneficiado del anarquismo ordenado de los chicos de Sol. La cabeza del alcalde durante casi 24 años, Pedro Castro, es otra de las condiciones. Lo cual no complicaría finalmente el acuerdo ya que Castro, un prestidigitador político de primera magnitud, no tendría inconveniente en dejar su cargo según ha expresado. La lectura profunda del brote de indignación 15-M, cuyas imágenes han dado la vuelta al mundo, no deja de tener ironía al haber, indirectamente, favorecido un gobierno más que holgado de cuatro años precisamente a uno de esos dos partidos, PP y PSOE, que ellos inocentemente pretendieron combatir. En este caso, la rebelión de Sol le ha regalado unas elecciones a la derecha, curiosamente de quien más distantes los indignados parecen estar. Es tan irónico como el castigo que el electorado ha aplicado sobre el presidente Zapatero quien, finalmente, ha pagado políticamente la crisis económica que ha generado la política ultraliberal de los Mercados, fervientemente defendida por la derecha y que se encuentra en sus programas, tanto ocultos como no.