El 20 de noviembre un desgastado Zapatero anunciaba la remodelación de su Gobierno, con Alfredo Pérez Rubalcaba como hombre fuerte en sustitución de la todopoderosa María Teresa Fernández de la Vega, al tiempo que le daba plenos poderes para ejercer de presidente en la sombra y futuro sucesor.
Hasta entonces, nadie en el PSOE había acumulado tanto poder, ejerciendo simultáneamente los cargos de vicepresidente, Portavoz y ministro del Interior. El objetivo de la “operación Rubalcaba” consistía en lograr remontar la crítica situación electoral en la que se encontraba el PSOE, según señalaban todas las encuestas y sondeos de opinión. Casi siete meses más tarde los peores presagios se han confirmado y el “efecto Rubalcaba” se ha quedado en la mayor derrota electoral del PSOE en unas elecciones municipales y autonómicas, aumentando en casi diez puntos la diferencia entre socialistas y populares. El pasado sábado, la Comisión Ejecutiva Federal socialista designó a Rubalcaba candidato a la presidencia del Gobierno para las elecciones de marzo de 2012. Una nominación en la que, además de ‘dedazo’ hubo muchos codazos, como bien sabe la frustrada candidatura de Carmen Chacón. Durante las últimas semanas un Ejecutivo descabezado y sin dirección se ha dedicado exclusivamente a solucionar los asuntos internos del PSOE, descuidando sus labores de gobierno y convirtiendo a España en un asunto secundario, por detrás de los intereses partidistas.