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Apie de Calle N° 38    19 de mayo de 2012
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Por Concha Minguela
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conchaminguelaapiedecallecom/14/14/26
Última actualización 11/04/2012@18:28:52 GMT+1
En la Conferencia Política del PSOE celebrada a principios de octubre en Madrid , lo más destacable ha sido la irrupción por sorpresa de Felipe González. Si alguien ha infundido ánimos y confianza a una militancia derrotista y anquilosada, ése ha sido el ex presidente del Gobierno socialista (1982-1996) merced a su habitual libertad de palabra y pensamiento. La contundencia de González poniéndose a disposición del candidato Alfredo Pérez Rubalcaba “para lo que haga falta hasta el 20 de noviembre y después” contrasta con la puerilidad colectiva que el grueso (salvo honrosas excepciones) de la dirigencia socialista trasmite a la sociedad y desde luego a sus potenciales votantes de izquierdas.
Otra nota de impulso es la del barón socialista madrileño, Tomás Gómez, que se atreve a hacer propuestas valientes pero necesarias, tales como la cadencia de tres años para los hipotecados en apuros, el canon bancario, y sobre todo la tolerancia cero contra los recortes en los cuatro pilares básicos del bienestar: sanidad, educación, pensiones y prestaciones por desempleo. Eso queremos oír. Eso no se toca. Máxime cuando toda la ciudadanía, que no es tan estúpida como pretenden hacernos creer, sabe perfectamente quiénes se están hinchando a ganar dinero con la crisis. La responsabilidad: de los gobiernos centrales, europeos, nacionales, autonómicos y municipales, que , cada cual en su ámbito, lo propician y permiten.

Coincido plenamente con el ex presidente socialista, que anteriormente había expresado en diferentes entrevistas y foros que “a los socialistas de hoy les cogería, uno a uno, y les zamarraría (agitaría) para sacudirles el pesimismo y que no den nada por perdido. Podemos ganar a la derecha porque ahora más que nunca se requieren políticas socialdemócratas para mantener el estado social y salir de la crisis”. Un criterio muy similar al que expresa el barón madrileño, Gómez, quizá como fruto de sus más de cuatro años pateándose metro a metro, toda la Comunidad de Madrid, para impregnarse de pulso y conocimiento de los problemas cotidianos de los madrileños.

Pese a las apariencias, el ex presidente González sigue siendo políticamente correcto. Y calla, por responsabilidad de partido y prudencia, síntomas evidentes que la gente de a pie, que creemos y siempre hemos creído en la socialdemocracia, ya no podemos callar más. Esto es, y hay que decirlo alto y claro: la clase política española, también la europea, se ha enquistado en una nube elitista que le aleja gravemente de los problemas de la calle. Tanto en la derecha como en la izquierda, muchos son sordos y ciegos, demasiado ocupados en el reparto de poder y asegurarse cada cual una buena silla con respaldo para los próximos cuatro años.

Cuando oigo al “bocazas” de Esteban Pons, portavoz del PP, resaltar los más de cuatro millones de parados, machaconamente, sin dar una sola pauta de solución, como sería su deber, y terminar con la cínica frase: “A este paso…todos vamos a acabar en el paro”. El no, desde luego. Y con su más que presunta renta vitalicia, menos. Tampoco sus colegas de la Generalitat Valenciana, que tiznados hasta las cejas en la trama de corrupción Gürtel, siguen en política, por no hablar de la renta vitalicia de Camps, o la multimillonaria indemnización a Dolores Amorós, que tras gestionar ruinosamente la Caja de Ahorros del Mediterráneo y propiciar decenas de desahucios y quiebras familiares, se auto adjudica un bonus multimillonario y una renta vitalicia de casi 400.000 euros anuales… ¿pero en qué país vivimos? La calle se pregunta en qué se ha convertido la administración de la política cuando es capaz de hacer la vista gorda a semejantes tropelías insultantes para la ciudadanía.

Cuando oigo a Esperanza Aguirre, en su estilo castizo-chulesco, como si no fuera realmente con ella, hablar “equívocamente” de recortes en la Educación, o decir que subvencionar a la privada es un ahorro para la pública, o callar astutamente sobre sus verdaderas intenciones de copago sanitario, por no hablar de la construcción costosa e innecesaria de ocho hospitales (arrendados al sector privado) o a la segunda de a bordo del PP nacional, Dolores de Cospedal, (también en fallido lapsus freudiano) decir “a lo mejor no se puede pagar a todos (los desempleados)”, se me pone la piel de gallina.

Cómo es posible que a estas personas les estemos pagando el sueldo. De igual manera, tiemblo ante la ciega ortodoxia económica de la señora ministra de Economía, Elena Salgado, que preconiza, tan convencida, recortes y más recortes para el cumplimiento del “déficit aceptable”. Pero en qué idioma hablan nuestros políticos, me pregunto.

Oyendo todos los días la voz de la Calle, porque nuestro periódico está en ella y la sufrimos, puedo asegurar que entendemos mucho mejor otro mensaje: “Lo primero es crear, no destruir empleo, y después administrar la situación de crisis”, un mensaje al que se acerca el presidente norteamericano Obama, y que actualmente parece integrar, al fin, en su discurso Alfredo Pérez Rubalcaba, un buen candidato, aunque todavía debe ser más valiente y ponerse firme él para poner firme a los mercados. A los socialistas se les ha olvidado aquella máxima de tantas décadas, “hay que creer en la utopía valiente para no caer en la complacencia misérrima”.
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