 |
| Concha Minguela |
Ríos de ciudadanos en más de mil capitales alrededor del mundo se han echado a la calle este pasado 15 de octubre en un solo grito: “No es una recesión, es un robo”.
Por
Concha Minguela
x
conchaminguelaapiedecallecom/14/14/26
Última actualización 26/10/2011@11:34:42 GMT+1
Las consignas son innumerables: no nos representan; democracia real ya; no a los desahucios; dación en pago por la hipoteca; trasparencia política; listas abiertas; canon bancario; no a los bonus y retribuciones multimillonarias; castigo judicial a los responsables de la bancarrota ....
Las consignas son innumerables: no nos representan; democracia real ya; no a los desahucios; dación en pago por la hipoteca; trasparencia política; listas abiertas; canon bancario; no a los bonus y retribuciones multimillonarias; castigo judicial a los responsables de la bancarrota; no tenemos por qué pagar las víctimas; no hay futuro para los jóvenes; listas electorales abiertas; y así una larga lista de protestas, acompañadas de propuestas, que vienen a decir lo mismo. La gente está indignada porque esos llamados mercados y especuladores se han llevado los ahorros de millones de personas trabajadoras, ante la ineficacia de la política y sus actores y ahora, éstos mismos, piden esfuerzos y sacrificios al pueblo para poder sanear a los bancos con dinero de los contribuyentes. En contraprestación, los ciudadanos no ven sacrificios de la clase política.
Por otra parte, de nada sirve echarle todas las culpas al gobierno central, en este caso socialista, ya que la situación es la misma en todas las Comunidades Autonónomas gobierne la derecha o la izquierda, y en todos los países de la Unión Europea, gobiernen los conservadores o los socialistas. Por tanto, la crisis no tiene color político. Aunque no conviene olvidar que sí lo tienen las diferentes propuestas para la salida de la crisis. Mientras la derecha propone recortes en los cuatro pilares básicos del estado de bienestar: sanidad, educación, pensiones y cobertura de desempleo, a tenor de las actuaciones que el PP empieza a perfilar en las Comunidades Autónomas donde gobierna, la izquierda, si atendemos al discurso del saliente presidente Zapatero, o al programa del candidato Rubalcaba: propone no tocar los pilares básicos de la sociedad del bienestar.
A su vez, para contribuir a incrementar la indignación ciudadana, los gobernantes, de España, Europa, Estados Unidos, realmente parecen no tener capacidad para atajara los despropósitos de la banca. Se limitan a aportar cantidades millonarias de euros que lejos de servir para inyectar liquidez a las empresas y de esta manera generar productividad y mantener los puestos de trabajo, los bancos los reutilizan para cuadrar sus cuentas dejando morir a las empresas en una sangría inaceptable de cierres de las grandes y de las PYMES, con la consiguiente destrucción masiva de empleo. Por consiguiente sin trabajo no solo no hay consumo sino que tampoco hay dignidad.
Cuando se creía que habría una verdadera revolución de replanteamiento del actual modelo capitalista, todos corren de allá para acá, parece sin rumbo, dictando medidas que no solucionan nada. Allá por el año 2008, cuando se perfilaba la crisis financiera mundial, , a los primeros que tomó por sorpresa fue a los gobernantes y a sus legiones de economistas asesores de magníficas retribuciones. Ni unos, ni otros, ni la oposición conservadora, por mucho que ahora diga, supieron ver la negra pesadilla de penurias económicas que se avecinaba. Posteriormente, concretamente en Europa, se fueron tomando medidas de austeridad y recortes, que sólo exasperaban a los ciudadanos que sufrían en carnes propias la hemorragia de un paro creciente hasta cotas casi insoportables: cerca de cinco millones de parados actualmente.
Con todo ello no es de extrañar que haya surgido la voz de los indignados, visualizada en la acampada de Sol el pasado 15 de Mayo y que se ha ido propagando como la pólvora hasta llegar a las mismas puertas de Wall Street, de la City londinense, del Banco Central, en Francfort, del Parlamento Europeo, en Bruselas, entre otros. El mensaje siempre es el mismo: “los especuladores se han llevado el dinero y ahora nuestros gobernantes son incapaces de plantear otra opción que sanear y refinanciar a la banca mundial con los impuestos del contribuyente y recortando derechos sociales de la ciudadanía en una tan obsesiva como inútil pretensión de llegar a reducir el déficit soberano de cada país endeudado”
En medio de todo ello, los políticos parecen ser los únicos que no pierden sus prebendas, coches oficiales, sueldos altos y rentas vitalicias, asesores por doquier, dietas, puestos de favor en los consejos de las grandes empresas. Y por si esto fuera poco, aquí en España, el partido conservador, el PP, se permite el lujo no ya de ignorar el grito indignado, sino de etiquetarles, cada vez que tienen ocasión, de “perroflautas, antisistema, extrema izquierda” y toda una sarta de apelativos ofensivos que no se corresponden con la identidad del llamado “Movimiento de los indignados”, compuesto en su inmensa mayoría por centenares de miles de jóvenes, universitarios y con una o dos carreras, o trabajadores capacitados, o gentes de mediana edad, o veteranos en paro, que no tienen opción de acceder a un puesto de trabajo en la presente situación económica.
El 20-N concurren a las elecciones generales dos candidatos, Rajoy y Rubalcaba, dos esquemas de gobierno y dos programas muy diferenciados. El candidato Rubalcaba está desgranando algunas de sus propuestas, como la dación en pago, la modificación de las listas electorales, y algún que otro coqueteo con la tasa financiera, la revisión de las agencias de calificación, el mayor control a los mercados, y la revisión del actual modelo capitalista, así como más Europa, más socialdemocracia, refuerzo a los pilares del bienestar social y que lo privado nunca mande sobre lo público. El otro candidato, creyéndose ganador, de momento se limita a esperar a que le caiga el fruto de la victoria. Los sustos se los reserva para el día siguiente del 20 de noviembre.