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Apie de Calle N° 38    19 de mayo de 2012
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Por Concha Minguela
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conchaminguelaapiedecallecom/14/14/26
Última actualización 09/11/2011@12:39:15 GMT+1
El líder del Partido Popular, que se ve ya prácticamente en Moncloa a tenor de las encuestas sobre intención de voto, está exhibiendo estas últimas semanas un aire político más centrado. Tras la declaración de ETA del abandono definitivo de la violencia, Rajoy ha ordenado a su partido que se aleje de posiciones revanchistas tan propias de las dos últimas legislaturas en las que promovieron manifestaciones que explotaban inmisericordemente el dolor de las víctimas, eso sí, de sus víctimas. Algo que conviene no olvidar no vaya a ser que, después del 20 de noviembre, ese resquemor vengativo regrese en todo su esplendor.
No soy de las que piensan que la derecha española es parecida o similar a la británica, la alemana o la francesa. Aquí, ejemplos sobrados de cómo gobierna la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con sus recortes educativos y sanitarios, con tantas declaraciones en ese sentido, apenas escapadas o contenidas, de sus consejeros, Figar o ex consejeros, Granados, y de ella misma, hablan por sí solos. Similar a lo que ocurre en la Comunidad de Castilla la Mancha, donde la flamante presidenta, ex número dos del PP, María Dolores de Cospedal, escudándose en la extraordinaria deuda heredada del anterior gobierno socialista, pretende justificar sus primeros recortes en las materias mencionadas.

Volviendo al tema de ETA, Rajoy es prudente y habla de unión y consenso entre partidos para administrar esta nueva situación pos violencia. La cuestión es cómo se deben de interpretar estas palabras cuando precisamente la política última que ha arrinconado y acabado con ETA, la de las dos últimas legislaturas socialistas, se ha visto infectada de obstáculos desde las filas de Rajoy, encarnados en él mismo, en Mayor Oreja, Aznar, o la propia Esperanza Aguirre. Parece que dicen una cosa, cara a las elecciones, pero su pensamiento profundo les traiciona permanentemente en actos fallidos de fácil interpretación.

Por otro lado, el fin de la violencia terrorista, con ser un banquete con el que hemos soñado, ciudadanos, políticos y periodistas, en las últimas tres décadas, parece un brindis con champán sin espuma. En estos momentos, son la crisis económica y después la decadencia política, los principales problemas que afectan y preocupan a la población. Por supuesto el fin de la violencia es una buena noticia, pero ante todo para el pueblo vasco, tan mal comprendido desde Madrid, que es quien ha pagado un precio inimaginable, durante casi cincuenta años, no sólo con sangre, sino que también ha sufrido extorsiones, la ley del silencio, la falta de libertad, el miedo, el terror, las escoltas. En este sentido merece ahora un reconocimiento especial toda la sociedad vasca como víctima del sinsentido del horror absurdo que se ha cobrado tantas vidas, para nada. Y nada tienen que seguir teniendo y esperando los asesinos. Si acaso la compasión y el perdón imprescindible desde la aplicación de la justicia.
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