Un alcalde que es incapaz de conciliar, respetar y presidir el debate político pese a que no le guste lo que escuche como es evidente, es sin duda una figura en desuso en la ciudad de Alcorcón, acostumbrada a amplios espacios de participación ciudadana y a unos plenos intensos pero democráticos ha pasado a ser un fiel espejo de la etapa más oscura en la historia democrática reciente de la ciudad, que fue sin duda la gestionada por el Alcalde popular, Pablo Zúñiga.
Un regidor que hasta Esperanza Aguirre ha obviado en sus intervenciones públicas en la ciudad, un alcalde que, ha este paso, hará bueno David Pérez, quien en tan sólo 8 meses bate récords de crispación, expulsiones de vecinos y portavoces de la oposición y, como colofón, responsable de privar a la ciudadanía de escuchar el debate político de su ciudad ya que en el último pleno ordinario decidió terminarlo a puerta cerrada ...
Un alcalde que es incapaz de conciliar, respetar y presidir el debate político pese a que no le guste lo que escuche como es evidente, es sin duda una figura en desuso en la ciudad de Alcorcón, acostumbrada a amplios espacios de participación ciudadana y a unos plenos intensos pero democráticos ha pasado a ser un fiel espejo de la etapa más oscura en la historia democrática reciente de la ciudad, que fue sin duda la gestionada por el Alcalde popular, Pablo Zúñiga.
Un regidor que hasta Esperanza Aguirre ha obviado en sus intervenciones públicas en la ciudad, un alcalde que, ha este paso, hará bueno David Pérez, quien en tan sólo 8 meses bate récords de crispación, expulsiones de vecinos y portavoces de la oposición y, como colofón, responsable de privar a la ciudadanía de escuchar el debate político de su ciudad ya que en el último pleno ordinario decidió terminarlo a puerta cerrada.
Un buen alcalde, debe gestionar, buscar lo mejor para su ciudad y convecinos y, sobre todo, encargarse de que los canales democráticos se fortalezcan. David Pérez aún está a tiempo de reconducir el barco, dejar a un lado viejos rencores personales y dedicarse a gobernar en vez de vivir de la crítica al padado que de nada le va a servir ni a él, ni a los ciudadanos que han depositado en él su confianza.
La sombra de Pablo Zúñiga sigue siendo muy alargada en Alcorcón y Pérez, sin darse cuenta está recordando e incluso superando los niveles de intolerancia e intransigencia política que llevaron al PP a la debacle en las urnas hace cuatro legislaturas.
Que no se convoquen consejos sectoriales, se elimine la figura del defensor del ciudadano o impida a presidentes de asociaciones de vecinos vicepresidir las Juntas de Distrito sin duda no dice mucho del talante democrático del alcalde popular.
Si a esto sumamos las continuas expulsiones de la portavoz socialista en Alcorcón, Natalia de Andrés o la decisión de esconder a los oídos de los ciudadanos las decisiones plenarias nos encontramos ante una ciudad donde la tensión política ha llevado a todos los partidos de la oposición: IU/UPD y PSOE a firmar un comunicado conjunto en el que se comprometen a poner de su parte y piden encarecidamente al alcalde que ayude a que la normalidad democrática vuelva a Alcorcón que quizá sea más importante que las luminarias de Las Vegas para los ciudadanos y los representantes de otras formaciones políticas que están en su pleno derecho de ejercer su labor de control al gobierno.
Sr. Pérez escuche a los ciudadanos y al resto de formaciones políticas, recapacite y haga de un Alcorcón un ejemplo de convivencia política y un espejo donde todas las ciudades de Madrid quieran mirarse, pero no para salir corriendo.