La primera pregunta que una se hace al ver la cinta de Clint Eastwood “J. Edgar” es si ésta hubiera existido como película de no haber sido su protagonista original, el fundador del FBI, un homosexual que no se atrevió a salir del armario. En la historia del mundo abundan las biografiás de hombres empecinados y obsesivos con un gran proyecto como el de J. Edgar Hoover, y la peripecia profesional del creador del FBI es especialmente atrayente, pero bien han intuido su protagonista Leonardo DIcaprio y su director y productor Eastwood que las mejores tintas había que cargarlas en la melancólica, prohibida y dramática historia de amor entre Hoover y Hammer su mano derecha en la “Oficina”.
Por Nuria Alonso
La primera pregunta que una se hace al ver la cinta de Clint Eastwood “J. Edgar” es si ésta hubiera existido como película de no haber sido su protagonista original, el fundador del FBI, un homosexual que no se atrevió a salir del armario. En la historia del mundo abundan las biografiás de hombres empecinados y obsesivos con un gran proyecto como el de J. Edgar Hoover, y la peripecia profesional del creador del FBI es especialmente atrayente, pero bien han intuido su protagonista Leonardo DIcaprio y su director y productor Eastwood que las mejores tintas había que cargarlas en la melancólica, prohibida y dramática historia de amor entre Hoover y Hammer su mano derecha en la “Oficina”.
Por cierto, que el adjetivo de prohibida adquiere en la cinta caracteres un tanto inexplicables desde el momento en que, a pesar de la represión sexual de la época que alcanzaba en este caso a un alto cargo, quien incorporaba al drama la propia educación reprimida, no aparece en el relato ningún chantaje, chisme o mirada inquisitiva del entorno de la pareja, una pareja que según el dato real, cenaba en compañía todas las noches, en publico o en privado, y compartió vivienda en algún momento de sus vidas.
La película de Eastwood tarda en entrar en materia y sus mejores momentos están en la soberbia interpretación de DIcaprio, quien consigue retorcer la mirada lo justo cuando ha de meterse en la piel de un individuo que tuvo en sus archivos los secretos mas inconfesables de los hombres y mujeres de la cúpula del poder estadounidense. Produce escalofríos la mera sospecha de que aquí, entre nosotros, existe alguien o “alguienes” así. Estupenda Naomi Wats y esforzado el trabajo de una Judi Dench que brega con un papel de madre castradora un poco estereotipado. Por lo demás, Clint Eastwood sigue siendo el gran y clásico director de siempre.