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| Lola Vega |
No me pierdo ningún año mi visita particular a Arco como barómetro de los tiempos, y del corazón de los artistas. La pintura ha regresado este año con fuerza a la feria mas importante de arte contemporáneo en detrimento del videoarte y las instalaciones. La crisis económica ha reducido la oferta de galerías pero la selección parece favorecer la calidad y el equilibrio entre clásicos contemporáneos, arte actual y las vanguardias históricas.
Por Lola Vega
Mi recorrido preferido comienza en la galería Marlborough que exhibe con orgullo un lienzo de Bacon valorado en 15 millones de euros. Se trata de estudio del cuerpo humano de tonalidades naranjas pintado por Bacon en 1982 y subtitulado Figura en movimiento, que vemos rodeado por esculturas de Manolo Valdés y lienzos de Fernando Botero y uno especialísimo de Paula Rego.
Entre las instalaciones , la favoritas del público parecen estar en Ivorypress a manos de “ los Carpinteros “ dos artistas que se han hecho un lugar en el panorama internacional con unas obras llenas de ironía. Allí también encontramos la obra de Ai Weiwei, el artista chino más influyente de nuestro tiempo. Otra de las instalaciones amadas por el publico es Carroña, de Javier Pérez. El artista bilbaíno presenta en la galería Carles Taché una gran lámpara de cristal rojo picoteada por diez cuervos disecados que a muchos se les antoja una metáfora de la voracidad de los mercados y la fragilidad de las cosas hermosas. También ha despertado la atención la pieza Always Franco, de Eugenio Merino, que introduce una escultura del dictador en una nevera de refrescos. Los “amigos” del dictador quieren evitar que la instalación sea contemplada y pretenden llevar el caso a los juzgados. Otro atentado contra la libertad de expresión.
Por supuesto , además de las instalaciones curiosas están los muchos Tapies, Calder, Botero y Picasso. ARCO es este año "más serio y menos exhibicionista" porque el arte sigue siendo un valor refugio en tiempos de incertidumbre global.