El ojo crítico
Por
Concha Minguela
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conchaminguelaapiedecallecom/14/14/26
Última actualización 10/03/2011@02:53:21 GMT+1
La famosa mano de hierro con la que a veces los líderes políticos se ven obligados a gobernar parece que tiene diferente sesgo según quien la aplique. Zapatero acuñó el concepto del talante y desde la oposición popular se ha hecho lo imposible, con bastante éxito por cierto, para hacerlo aparecer como debilidad e incluso ingenuidad.
Esperanza Aguirre gobierna como una auténtica dama de hierro y todos tan contentos. Al menos sus votantes. Si de puertas adentro levanta ampollas, nadie osa levantar la voz. Tomás Gómez, el candidato socialista a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, elige entre los suyos a quienes le demostraron apoyo y confianza y, desde dentro, se critica como una “depuración salvaje”. Son las distintas varas de medir de izquierda y derecha. Si Aznar fue lo que fue, para bien o para mal, se lo debió a su dura mano de hierro y autoritarismo. Si Rajoy no consigue ser lo que los suyos quisieran que fuera, también se debe a su cómodo talante de esperar la caída del enemigo. Potencialmente hay aproximadamente diez millones de españoles que votarían PP, y otros diez millones que votarían PSOE. Ese difícil segmento central de uno o dos millones de ciudadanos que se cambian de bando, son quienes definen las victorias electorales. Y son precisamente los que mejor entienden el mensaje del pragmatismo sin matices. Votan discursos y personas, no siglas. Aguirre es especialista del discurso personalísimo. Por eso gana. En cambio los socialistas madrileños llevaban varios lustros perdiendo elecciones por airear enredos y pleitos entre sus diferentes familias políticas. Ahora tienen una nueva oportunidad para cerrar filas en torno a un discurso directo centrado en el conflicto social del momento como es la crisis, la creación de empleo y las políticas sociales. El Gobierno nacional sabe que es imprescindible la Reforma Laboral y de Pensiones, pero su forma tímida de explicarlo le regala una baza enorme a la oposición que se limita a dejar sencillamente que se le atragante el sapo y a esperar réditos electorales. Contra la corrupción de Gürtel Aguirre saca la guadaña y se quita lastre sin matices. Los socialistas madrileños deberían utilizar su enorme potencial renovado y no perder ni un segundo en peleas internas que les debiliten frente a sus electores.